La comida es uno de los gastos más flexibles del presupuesto familiar. Con un poco de organización se puede gastar bastante menos sin renunciar a comer bien.
Antes de ir a comprar
- Planifica el menú semanal. Saber qué vas a cocinar evita compras improvisadas y comida que acaba en la basura.
- Revisa la nevera y la despensa para no comprar lo que ya tienes.
- Haz una lista y cíñete a ella. Es el truco más sencillo y uno de los más efectivos.
- No vayas con hambre. Está comprobado que compramos más caprichos cuando tenemos el estómago vacío.
En el supermercado
- Compara el precio por kilo o por litro, no el precio del envase. Viene indicado en la etiqueta del lineal.
- Prueba las marcas blancas. En muchos productos básicos la calidad es muy similar y el precio, bastante menor.
- Mira arriba y abajo. Los productos más caros suelen colocarse a la altura de los ojos.
- Compra fruta y verdura de temporada, que suele ser más barata y sabrosa.
- Cuidado con las ofertas 3×2: solo son un ahorro si de verdad vas a consumir todo antes de que caduque.
En casa
- Cocina por tandas y congela raciones. Ahorras tiempo, energía y evitas pedir comida a domicilio.
- Aprovecha las sobras: arroces, tortillas, croquetas o cremas son perfectas para dar una segunda vida a la comida.
- Ordena la nevera poniendo delante lo que caduca antes.
Un buen ejercicio: guarda los tiques de un mes y súmalos. Saber cuánto gastas de verdad en comida es el primer paso para reducirlo.

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